Ansiedad. Conociendo nuestras emociones

Ansiedad. Conociendo nuestras emociones


A diario escuchamos o repetimos frases como “qué ansiedad que tengo”; “estoy muy ansioso”; “me siento demasiado ansioso”. Sin embargo, ¿sabemos de qué hablamos, cuando hablamos de ansiedad?

El primer paso es saber que la ansiedad es una emoción propia de todos los seres humanos. Como toda emoción, tiene un componente funcional, es decir que cumple una función.
Las emociones no son “buenas o malas”, hablamos de una emoción como funcional o no funcional. Sentir ansiedad es útil para nuestro rendimiento diario, pero cuando su presencia se torna excesiva comienza a dificultar el afrontamiento de todas las tareas que debamos realizar.
De acuerdo con esto, podríamos reconocer ansiedad “limpia” y ansiedad “sucia”. Esta última, es aquella que resulta desproporcionada respecto al estímulo que la desencadena. Por su frecuencia e intensidad, produce diversas limitaciones en la vida de quien la padece. Para comprender esta diferencia, ponemos un ejemplo. Tenemos un entrevista de trabajo, frente a esto una cuota “sana” de ansiedad, nos ayuda a prepararnos, a imaginar escenarios posibles para pensar estrategias, etc. Pero si esa ansiedad se torna desmedida, podemos comenzar a experimentar taquicardia, sudoración, miedo, etc. Es decir, sensaciones que no nos permitirán desenvolvernos con confianza.

Ahora que ya sabemos qué es la ansiedad podemos hacernos otra pregunta: ¿Cómo sabemos que eso que estamos sintiendo es ansiedad? Las personas nos movemos en un triple registro: lo que hacemos, lo que sentimos y lo que pensamos. Por este motivo, la ansiedad puede manifestarse mediante:
• Comportamientos de huida, lucha o evitación. En el ejemplo de la entrevista, este comportamiento sería no asistir.
• Sensaciones internas que podemos notar cuando nos ponemos “nerviosos” ( taquicardia, sudoración, llanto, mareo, constreñimiento torácico, etc) . Siguiendo el mismo ejemplo: experimentar esas sensaciones en los días previos a la entrevista.
• Pensamientos, creencias e imágenes con contenido de peligro. Imaginarnos escenarios caóticos durante o después de la entrevista: que nos descalifiquen, nos traten mal, etc

Cuando hablamos de ansiedad y mencionamos sus síntomas, se presenta una pregunta muy frecuente; ¿Es lo mismo ansiedad y ataques de pánico?
El ataque de pánico es la vivencia de miedo intenso que genera creencias o sensación de pérdida de control o de muerte. Así como las papas y la gaseosa acompañan la hamburguesa, a estas creencias las escoltan algunos de estos síntomas: palpitaciones, parestesias, opresión torácica, náuseas, sensación de atragantamiento, sudoración, inestabilidad, entre otros.
Los ataques de pánico entonces pueden considerarse como una consecuencia de un estado de ansiedad prolongado. No son lo mismo, aunque están relacionados. La ansiedad, como dijimos, es una emoción que, al presentarse de una manera no funcional puede conducirnos a esta u otras consecuencias.

El acompañamiento de un profesional es importante cuando sentimos o identificamos que nuestras emociones nos desbordan, o nos generan malestar. Identificarlas, aceptarlas y trabajar desde nuestro registro en ellas es una de las tareas que se llevan adelante en un proceso terapéutico.
Además del trabajo en terapia existen algunos recursos que permiten manejar estados de ansiedad para poder continuar con nuestras actividades diarias sin experimentar estrés:
Hacer pausas durante el día y concentrarnos en nuestra respiración: dedicar unos momentos para conectar con el momento presente y desligarnos de preocupaciones que no podemos resolver o son de resolución inmediata
Planificar y ordenar nuestras prioridades: poder armar planes sobre nuestras actividades (de toda índole: sociales, laborales, familiares, domésticas) hace que no estemos con “todo” en la cabeza, si no que podamos prestar atención plena a lo que estamos haciendo sin pensar en cosas que tenemos planeado resolver en otro momento.

La ansiedad es parte de las emociones vitales, aprender a registrarla y que pueda ser parte de nuestro repertorio emocional sin impedirnos vivir una vida plena, con todos aquellos otros condimentos disfrutemos, es posible.


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